El mundo se está convirtiendo en una caverna igual que la de Platón: todos mirando imágenes y creyendo que son la realidad – SaramagoPara ponerlo en contexto, la caverna de Platón es una alegoría que describe un grupo de prisioneros encadenados en una caverna que solo son capaces de ver sombras proyectadas en una pared. Esas sombras son todo lo que conocen del mundo, y para ellos, esas sombras son la realidad.
Las redes sociales nos han puesto en una situación similar, pues creemos que las imágenes que vemos ahí son la verdad. Creemos que los cuerpos fitness siempre se ven como en las fotos que publican, pero nada está más alejado de la realidad. Esa es solo una de muchas fotos que se tomaron y se eligió cuidadosamente por su postura, luz, ángulo, enfoque y posición, generando estándares de belleza irreales.
La percepción de defectos en nuestros cuerpos surge gracias al ladrón de la felicidad: la comparación. Nos gusta compararnos, pero no con personas comunes como nuestros vecinos o amigos. Siempre lo hacemos con figuras públicas, esperando lograr los mismos resultados que tuvo alguien con una genética privilegiada o un estilo de vida diferente. Esta comparación puede llevar a un ciclo interminable de insatisfacción, donde los logros nunca parecen ser suficientes y la imagen corporal nunca se percibe como ideal.
Cuando el objetivo es irreal, es inevitable que llegue la frustración. Y si nos comparamos con uno en un millón, es natural que surja un trastorno llamado: “El complejo de Adonis”.
Adonis es una figura mitológica conocida por su extraordinaria belleza y atractivo físico, pero también por la obsesión con su apariencia. Las personas con este complejo buscan alcanzar un ideal de perfección física que a menudo lleva a la vigorexia.
Este trastorno del comportamiento se relaciona con la percepción distorsionada del cuerpo, generando una preocupación excesiva por la musculatura y la estética corporal. Las personas con vigorexia buscan constantemente mejorar su cuerpo, aunque ya tengan un físico desarrollado, lo que puede llevar a conductas extremas de ejercicio y control alimenticio, así como al uso de suplementos y esteroides anabólicos.
El trastorno detrás del esfuerzo
Existen varios factores que pueden contribuir al desarrollo de la vigorexia. Uno de ellos es la búsqueda constante de aprobación y admiración que es impulsada por el ego, y que se mide en redes sociales a través del número de “likes”, un fenómeno conocido como Vanity Validation.
Hoy en día, muchas personas buscan validación externa a través de su apariencia física. Desafortunadamente, este sentimiento suele ser temporal, y la búsqueda de mejoras nunca se detiene, lo que provoca una constante sensación de insatisfacción.
Es la dopamina quien juega un papel crucial en el comportamiento humano, y en la vigorexia no es la excepción. Aunque solo el 0.0005% de las células cerebrales segregan esta “hormona del placer”, esa pequeña cantidad tiene un impacto significativo. La dopamina se libera en un circuito de recompensa que nos impulsa a mejorar continuamente, pero su verdadero poder radica en el deseo de lo que aún no tenemos.
Por ejemplo, si tienes sobrepeso, la dopamina te motiva a adelgazar. Una vez alcanzado un estado saludable, te impulsa a buscar un cuerpo atlético, y luego un cuerpo con más masa muscular. Este ciclo se vuelve infinito, alimentado por la ilusión de conseguir algo nuevo y mejor.
Pero atención, porque esta sustancia no se interesa por lo que ya tenemos, porque su objetivo es aquello que aún no poseemos. Funciona como una adicción, donde las personas buscan la euforia y satisfacción que provoca llegar a metas físicas. Sin embargo, una vez alcanzadas, la dopamina deja de responder a la recompensa obtenida y se enfoca en la posibilidad de alcanzar algo nuevo. Eso vuelve infinito el ciclo.
La dopamina es la hormona de la ilusión, y en su búsqueda de más, lleva a las personas a no saber cuándo parar, pues promete cosas que no puede cumplir como: “si consigues el físico de tus sueños serás feliz, y todo será diferente.”
La vigorexia se alimenta de este ciclo interminable de deseo y mejora. Las personas disfrutan con mayor intensidad la ilusión de mejorar que el logro en si mismo, por eso una vez alcanzada la meta, seguimos insatisfechos.
La vigorexia puede tener profundas raíces en problemas de autoestima y puede actuar como un mecanismo de defensa. La búsqueda obsesiva de un cuerpo desarrollado físicamente puede ser una forma de compensar sentimientos de debilidad o insuficiencia desarrollados durante la infancia o la adolescencia. La construcción de un físico musculoso puede ser una forma de ganar respeto, atención y validación externa, tratando de superar esos sentimientos de inferioridad.
El esfuerzo por desarrollar un exceso de tejido muscular puede ser visto como una armadura que protege el “yo” interior vulnerable. Este concepto es similar a otros mecanismos de defensa psicológicos donde una persona intenta protegerse del dolor emocional o de traumas pasados. Por ejemplo, una mujer que fue víctima de abuso sexual puede desarrollar una aversión hacia los hombres como un mecanismo de protección para su yo interior herido.
Responde estas preguntas para evaluar si podrías estar luchando contra la vigorexia:
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- ¿Te obsesiona la idea de tener un gran físico?
- ¿Te miras al espejo y solo ves defectos, incluso si son imperceptibles para los demás?
- ¿Crees que solo vales la pena si tienes un gran físico?
- ¿Te comparas constantemente con otras personas en términos de físico?
- ¿Siempre te falta algo por mejorar?
Si respondiste “sí” a estas preguntas, es posible que estés luchando contra la vigorexia.
Pero no te preocupes, pues la terapia cognitivo conductual (TCC) puede ser una herramienta muy efectiva para tratar la vigorexia. Esta se enfoca en identificar y cambiar patrones de pensamiento (como la distorsión de la imagen corporal) y comportamientos negativos (como las emociones negativas que provocan ansiedad, depresión y baja autoestima).
La TCC te ayudará a:
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- Identificar pensamientos distorsionados sobre tu cuerpo.
- Desarrollar una imagen corporal más realista y positiva.
- Mejorar tu autoestima y tu autoconfianza.
- Establecer hábitos de alimentación y ejercicio saludables.
- Reducir la ansiedad y la depresión.
Fitness como estilo de vida
El verdadero desafío es dejar de trabajar solo en métricas como el desarrollo de masa muscular, ya que los trastornos como la vigorexia, demandan más músculos, sin importar cuán grandes sean ya.
El fitness es un estilo de vida saludable que busca el bienestar integral y donde el aspecto físico es consecuencia de mantener un equilibrio con una alimentación balanceada, ejercicio regular, descanso adecuado y salud mental. El físico es solo un reflejo nuestro interior.
Qué gran error es creer que el cuerpo tiene defectos.
Acepta y aprecia tu cuerpo tal como es, entiende que cada uno es único y valioso. En un mundo donde las comparaciones y las expectativas irreales son constantes en redes sociales, recuerda que tu individualidad y esencia es lo que te hace especial.
Nadie será mejor que tú, siendo tú. Céntrate en tus propios objetivos, disfruta del proceso y celebra cada pequeño logro en lugar de obsesionarte con imágenes que no reflejan la realidad.










